Cuando los pómulos no tienen una estructura correcta, se han debilitado o hundido con la edad, son pequeños, o no tienen el volumen o la curvatura suficiente, provocan un aspecto de cansancio, envejecimiento y tristeza en el rostro. Para solucionar esta problemática, la medicina estética propone infiltraciones -como el aumento de pomulos con ácido hialurónico- para dar volumen y remodelar la zona de las mejillas. Este tipo de tratamientos evitan que haya que practicar una operación de pómulos, es decir, una cirugía.
Aumento de pómulos: antes y después
El resultado de un aumento de pómulos (antes y después) se basa en pasar de unos pómulos hundidos a unos pómulos marcados. No nos referimos a recrear unos «mofletes» de cariz infantil, de hecho en la actualidad se huye de esto y se busca el efecto contrario con la técnica de la bichectomía (vaciar grasa de las mejillas. Por el contrario, en el aumento de pómulos, al subir pómulos provoca unos efectos muy diferentes: estiliza la cara y redefine el ángulo. ¡Tal como se consigue con la técnica contouring de maquillaje! Pero, en medicina estética, este resultado es real a base de añadir volumen donde el rostro lo necesita. Un relleno dérmico que, por tanto, requiere a la vez de la pericia de un profesional que dé al pómulo la forma deseada.
En definitiva, analizando un aumento de pómulos (antes y después), se puede observar que los resultados son muy favorecedores porque, además, este tratamiento da vida a la mirada al resaltar esa zona en conjunto. Asimismo, desde la perspectiva de la armonía facial, la cara se reequilibra al estilizarse, y se afina.