09 Feb No solo los humanos tenemos imaginación
Durante mucho tiempo, la imaginación ha sido considerada una cualidad exclusivamente humana: la capacidad de crear, anticipar, simbolizar o inventar escenarios mentales que no están presentes en el momento. Sin embargo, investigaciones recientes en primatología están cuestionando esta creencia con una evidencia que obliga a reconsiderar cómo entendemos la mente de otros animales, en particular de nuestros parientes más cercanos: los bonobos.
Los bonobos (Pan paniscus), una de las dos especies más próximas al ser humano junto con los chimpancés, han mostrado comportamientos que van más allá de la simple respuesta a estímulos inmediatos. Un ejemplo llamativo tuvo lugar en un contexto experimental donde un bonobo participó en una actividad social estructurada —simulando una ceremonia del té— y pareció anticipar acciones futuras, coordinar conductas y mostrar indicios de creatividad en la interacción con otros individuos y objetos.
Este tipo de comportamiento sugiere que estos animales, además de actuar de forma reflexiva, pueden generar “escenarios mentales” que no están dictados estrictamente por lo que ocurre en el aquí y ahora.
¿Qué es la imaginación? ¿Cómo se define?
La imaginación, en términos cognitivos, implica la capacidad de representar internamente situaciones, entidades u objetos ausentes, y de manipular mentalmente esas representaciones. En los humanos, esta habilidad es crucial para funciones complejas como el lenguaje, la planificación o la resolución creativa de problemas. Y el estudio con bonobos apunta a que la imaginación, entendida como un mecanismo mental de simulación, podría no ser una exclusividad humana, sino una capacidad presente en distintos grados en otros primates.
Desde la neurociencia, la imaginación se apoya en redes cerebrales que también usamos para recordar el pasado y proyectarnos hacia el futuro. Y desde el punto de vista de la cultura, la imaginación va un paso más allá porque gracias a ella podemos compartir mundos imaginados, transmitirlos y modificarlos colectivamente. Pero su raíz es mucho más antigua: imaginar es una extensión sofisticada de una función biológica básica, la de prever y adaptarse.
La imaginación de los bonobos
El artículo «Evidence for representation of pretend objects by Kanzi, a language-trained bonobo», publicado el 5 de febrero en la revista Science, sugiere que es necesario ampliar nuestra comprensión de la cognición animal, y cuestionar jerarquías mentales estrictamente antropocéntricas. En lugar de pensar en una línea vertical de capacidades, parece más adecuado concebir un flujo continuo de habilidades mentales, en el que distintos grados de imaginación y simulación se encuentran distribuidos a lo largo de especies con historia evolutiva compartida.
El protagonista de la investigación fue Kanzi, un bonobo que falleció en marzo de 2025 con 44 años, y que se había hecho famoso previamente por su capacidad para entender el inglés. Kanzi, mediante diversos experimentos, demostró que podía procesar información sobre elementos que no estaban físicamente presentes en su entorno más cercano.
La ceremonia del té
Durante el juego planteado al bonobo, se emplearon recipientes transparentes y una jarra vacía, y el examinador simulaba verter líquidos en los vasos vaciando después uno de ellos -en el recipiente principal-. el primate logró saber dónde se encontraba el líquido imaginario en el 68% de los intentos, descartándose así el azar.
Las conclusiones de los autores
Los investigadores han manifestad que, si compartimos la imaginación con los bonobos, es altamente probable que este ancestro ya tuviera dicha capacidad hace seis millones de años.
En especies como los bonobos, esta facultad se manifiesta de forma especialmente interesante. Sus interacciones sociales incluyen conductas simbólicas, juegos de rol y rituales compartidos que no responden a una necesidad directa de supervivencia. Estas acciones sugieren que el animal no solo reacciona, sino que explora posibilidades, prueba vínculos y ensaya emociones en un espacio mental flexible.
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